domingo, 20 de marzo de 2011

Waiting for Superman

En los últimos días nos estuvimos planteando seriamente mudarnos a los ‘suburbios’. No por una razón de metros cuadrados. Por una razón de colegios. Acá en la ciudad, los colegios son muy buenos o muuuuy malos. Tenés que aplicar (a varios a la vez) y en algunos casos dar examen, en otros pasar por una lotería o simplemente promedian notas, exámenes, conducta, etc. Si tenés suerte tus hijos terminan en los colegios que elegís, si no, no hay muchas opciones. Probablemente termines pagando un colegio privado. En los suburbios los colegios son más parejos, más iguales, más vainilla. Me siguen? Nosotros elegimos la educación pública por un tema económico, pero además, porque creemos en ella. En la integración social, y en todos los beneficios que esta trae. Hasta ahora tuvimos suerte y nos tocaron los colegios que elegimos.
En noviembre Sofía aplico a cinco High Schools. De esos cinco hay dos que nos gustan mucho y otros dos que están (como diría ella) OK. Sofía es un poco como jugar al truco con el as de espadas. El único problema es que en una ciudad tan grande con tan pocos colegios secundarios buenos, no sabes cuantos mazos hay en el juego. Puede haber muchos y solo hay cierta cantidad de vacantes…
Este sábado llegan las tan ansiadas y no menos temidas epístolas. Vienen en un sobre que dice: “To the parents or guardians of Sofia C”. Hay tres tipos de cartas que podes recibir: A) la de aceptación, B) la que te avisan amablemente que tu hija/o quedo en lista de espera, tipo numero 235  y C) la de rechazo donde te dicen “Muchas gracias por aplicar a nuestra institución, lamentablemente su hijo/a no llega a cumplir con los requisitos de nuestro colegio y laputamadrequetepario”.
Todos estos meses hice un buen trabajo guardando este pensamiento en un compartimiento en el fondo de mi cerebro, trayéndolo solo a la superficie si alguien (alguien como en alguna otra madre preocupada) sacaba el tema. Hoy amanecí con un cosquilleo en el pecho, una de esas que si hiciese un ruido seria un chiflido bajito, pero constante. Se lo atribuí a la ansiedad que me produce este tema. Una vez que ese pensamiento salió de ese compartimiento, no hubo manera de volver aguardarlo. "Cucha cucha!", nada... sigue ahí. Por suerte faltan sólo seis días.
Hoy, varias veces, tuve que reprimir las ganas de abrir una caja de cereales y embuchármelos hasta atragantarme.
En fin, será lo que deba ser. Por suerte ella no está nerviosa.

Un buen documental para entender el estado de los colegios gringos:



Por suerte llovio...

y la lluvia se llevo el polen que habia por todas partes y que te causa esa alergia que no sabes que tenes hasta que vivis aca!

y me compre este por $5

para aca, que tenia un espacio 'muerto'

y quedo asi .

Finalmente... aca esta la que, desde sus catorce años, no se preocupa...

hoy la veia asi, cocinar, desde la compu, y le sauqe una foto a escondidas... sin poder creer lo grande que esta!

jueves, 17 de marzo de 2011

Spring Break sin palabras

O muy pocas... Los chicos están de vacaciones por una semana y andamos paseando, comiendo, mirando películas y disfrutando de nuestra mutua compañía. Ayer Sofi se fue a Austin por cinco días con una amiga y nos quedamos solitos con Simón (A esta de viaje también).
Acá los dejo con un paseo Tejano y algunas fotos. O muchas...









sábado, 12 de marzo de 2011

Mi casa (part II)

Me quede pensando en porque escribí sobre mi casa. También en porque llame al post ‘Part I’ sin tener en mente, ni planeado una segunda entrada. No es porque haya tanto para mostrar. Ni porque tenga tantas cosas para contar. No pasaron grandes cosas en esta casa. Acá no nacieron mis hijos, ni conocí a A. Esta casa tampoco vio nacer a Simon o a Sofi ni los vio dar sus primeros pasos. Tampoco fue aca que cortaron sus primeros dientes o dijeron sus primeras palabras. No. No pasaron grandes cosas. Pasaron pequeñas grandes cosas. Esta casa (de las tres que viví en USA) es, además, la única que no me vio llorar por el desarraigo. Acá se cerró esa herida. Esta casa me abrazo, me cuido, me curo.
Tal vez no es la casa pero es el tiempo en que se dan las cosas. O tal vez son las dos cosas que se cruzaron. Tiempo-Espacio.


Si vienen por casa


 no se queden afuera mirando por la ventana.


 Pasen nomas.


 Ponganse comodos.


que les muestro algunos rincones...


 Como mi mesa de trabajo. Donde no trabajo...


 Porque prefiero trabajar aca,


 que la luz entra sin verguenza.


 como en mi dormitorio.


Un rincon de la cocina. No mucho mas porque esta desordenada. No esperaba visitas!




martes, 8 de marzo de 2011

Mi Casa (part I)

Mi casa es Chica. Para los estándares americanos es Chiquita. Tiene todo lo que necesitamos. Todo compactado en una construcción muy simpática de 1946. Esta en un barrio construido para los veteranos de la segunda guerra. Hace setenta años era un barrio con todas las casitas iguales, simples y con arbolitos recién plantados. Una comunidad planificada, con un colegio, un correo, un centro cívico y una pileta publica. En las afueras de la ciudad.
Con el tiempo, la explosión del petróleo y el desarrollo del Centro Medico, la ciudad fue creciendo y se fue fagocitando a los pequeños barrios como el mío. Hoy en día mi casa esta en un barrio ecléctico situado dentro la ciudad. Los árboles son enormes y las casitas fueron tomando formas distintas. Algunas fueron reemplazadas por construcciones masivas, otras, como la mía, sufrieron cambios múltiples a través de los años y a muchas se les nota el clásico lavado de cara.
Cuando nos mudamos acá, hace siete años, todavía vivían algunos veteranos de la segunda guerra. En mi cuadra había tres. Mr. Leon era uno de ellos. Ya no están más. En sus casas ahora viven familias jóvenes con hijos chiquitos que pasean por las calles en triciclos y empujando carritos.
Me gusta mi casa, mi barrio. Estamos cerca de todo. Literalmente a diez o quince minutos de todo. De downtown, de los teatros y los museos. No es que vayamos tan seguido a los museos, pero están ahí, a mano. Cuando los chicos eran chiquitos el museo de los niños y el de ciencias naturales eran nuestro segundo hogar, el año pasado solo fuimos unas tres veces y ya no al de los niños.
Cuando vuelvo a casa después de estar afuera por varios días y abro la puerta me pongo contenta. Me hace bien. Me gusta. Tiene buena energía. No querría vivir en ningún otro lado.  
Pocas cosas materiales tienen el poder de hacerme feliz, mi casa es una de ellas.
Creo que esta casa me encontró a mí. Creo que esta en 'synch' conmigo.  


Los dejo espiar un poquito mi casa...
hasta la entrada...

y algun rincon.

El sabado nos permitio almorzar afuera por primera vez en la temporada

escondiendonos

del sol

y con un final dulce... muy dulce!

miércoles, 2 de marzo de 2011

Una de cal dos de arena.

Me levanto temprano. Hay sol y esta fresquito. Voy al parque a caminar en lugar de salir por casa. Camino cuarenta minutos bajo el sol primaveral matutino. Veo muchas mamas con hijos chiquitos, de esos que todavía no van al colegio. También hay gente paseando perros, otros en bicicleta y hasta en patines. Llego la primavera y se nota. La gente esta contenta, como yo. Termino mi caminata me subo al auto, esta vez dejo las ventanas abiertas. Voy al supermercado a comprar unas pocas cosas que faltan en casa. Pocas, pero vitales. Como leche. Simon es como un ternero. Yo odio la leche.
Termino de hacer las compras y me acuerdo que tengo la bolsita con las monedas. Junto monedas. Las del cambio. Las junto en una cajita y cuando se llena las cambio en el súper, en una maquinita. Metes las monedas y te da un voucher que después cambias en la caja cuando pagas. Siempre junto muy poco, seis u ocho dólares, ya que de ahí también saco los cuartos cuando los chicos necesitan plata para el almuerzo del colegio. Siempre quedan las monedas de uno, cinco o diez centavos. Hoy no. Hoy tenía dieciocho dólares. Una fortuna para la cajita. Me pregunto si será un avance de cómo viene mi día.
Vuelvo a casa contenta porque la mañana me sonríe. Ordeno un poco y me propongo leer y contestar emails. Me están llegando unos veinte o veinticinco por día de los colegios, los padres y de la asociación de padres y maestros porque que están recortando el presupuesto escolar drásticamente en Texas. Me siento frente a la computadora, me conecto, abro mi gmail y puf! Que me encuentro? Otra vez sopa! Dos emails de dos profesores de Simon. Abro el primero. Es de la profesora de Estudios Sociales. Me dice que esta mañana lo vio en el pasillo antes de que sonara la campana disparándole una bandita elástica a un amigo en la espalda. “Además”, agrega, “habla mucho en la clase cuando termina con su trabajo, en lugar de leer o de quedarse callado con los brazos cruzados, se distrae”. Esta ultima parte la entiendo porque la tipa tiene como cuatro clases distintas de veinticinco chicos cada una… Además lo del corte de presupuesto tiene a todos los maestros locos. No saben por donde viene el corte. Ahora lo de la gomita… Tiene doce… Es varón… Esta en la edad del pavo… Que puedo hacer? Que le contesto? Tengo que elegir mis batallas.
Bajo los brazos, me entrego. El chico es un buen chico. No le falta el respeto a nadie, no le pega a nadie, no usa lenguaje inapropiado. Eso si, habla. Habla mucho. Me hace acordar a mí. Yo era así en el colegio. Solo que este es buen alumno. Yo, además, era una vaga. 
Todavía no abrí el segundo correo. No se lo que dice. Lo voy a dejar para más tarde. Que puede decir? “Señora, su hijo habla mucho en clase?”. No es novedad. Esto, yo, ya lo se.