Entro al Blog y me doy cuenta que la ultima vez que escribí fue hace diez días. Me da cosa, me siento mal. Como si estuviese defraudando a alguien. Tal vez a mí. La verdad es que la situación no cambio desde la ultima vez que pase por acá. Ando como desinspirada. Sin ganas de hacer cosas. No me gusta la monotonia, me asusta. No quiero caer en un agujero negro y que me fagocite. Espero. Respiro hondo. Miro alrededor. No pasa nada. No me caigo. Por suerte.
Me doy cuenta que de a ratitos soy feliz. Eso es bueno. No creo en la felicidad como estado constante. La alegría es otra cosa. Es más fácil. Hay cosas que me provocan alegría, mis hijos, los blogs, un llamado de teléfono, una visita, un atardecer, un chocolate y así, miles de cosas mas. La felicidad, en cambio, te hincha el corazón, te acerca a la paz, te aleja del egoísmo.
Hace meses que no llueve y el calor se intensifica. La temperatura, dicen en la TV, es record para esta época. Los espacios verdes ya no están tan verdes. Se seca todo. No importa, me acostumbre al calor. Esta ciudad se transforma en ‘la caldera del diablo’ durante los meses de julio y agosto, pero no en abril. Hoy me puse el traje de baño y salí un ratito al jardín hacer fotosíntesis por primera vez en la temporada. Me hace bien. Puse los pies en remojo. El agua esta fría.
En el parque
y de estas flores
me gusto como esta atrapaba al sol



